Ese vacio.
Son las tres de la mañana aproximadamente, debería dormir ya que al día siguiente tengo que madrugar. Sin embargo no lo hago.
Paso una hora echada en la cama mirando al techo mientras escucho una emisora de radio sin prestar mucha atención. Tenía la esperanza de poder dormirme con el sonido de voces pero esta vez no funciona.
Me levanto y voy hacia la ventana, desde ahí se ve el jardín. Hay luna llena y se entrevee entre las ramas de los arboles, en esa perspectiva parece un jardín mágico. Ojalá pudiera tener habilidad para pintar algo así, aunque dicha habilidad se me concediese solo esa noche para reflejar toda esa magia.
Miro la luna, ejerce una fuerza atrayente, sin duda. Entonces es cuando el vacio que siento dentro se hace más patente. Es la primera vez que lo siento, nunca había sentido nada antes, y la primera cosa que siento en mi vida es vacio y soledad. Poco a poco sin saber por qué empiezo a llorar.
Me siento en la silla y sigo mirando la luna con los ojos humedos, la mirada borrosa. Es la primera vez que lloro sin motivo aparente, sin que haya sido por alguna discusión con alguien. Llorar por llorar.
Han pasado 4 años y el vacio desapareció, he sentido más cosas y he llorado por otras muchas.
¿Sabes? a veces pienso que debería alejarme todo lo posibloe de ti, pero entonces pienso que voy a hacer sin ti, como poder afrontar de nuevo el vacio. ¿Por qué? porque tengo mucho dentro, por todo esto. Me preguntas que tengo dentro... Dolor, me aventuro a decir que amor a pesar de que yo jamás uso esa palabra, muchas cosas, más de lo que una persona debería tener dentro.
Soy una cobarde, porque debería irme pero no me atrevo a vivir sin ti, contestas "aquí me tienes", ambos sabemos que no es así, "ya, soy un fantasma" replicas. Esta noche si, "lo se".
Yo también tengo fantasmas del pasado, no hay sitio para más "vale, entonces no quepo en ti", siempre has tenido sitio en mi, nunca has querido entrar. "Vale".
No quieres hablar del tema. Vale.
Esta noche no veo la luna, pero el vacio ha vuelto.
Dices que lo sientes ¿qué sientes? "no querer hablar de esos temas, que estes vacia por mi culpa" Vale.
También dices que lo sientes por todo lo que haces, preocupate más por lo que no haces, lo hecho hecho esta. Ahora dices que lo sientes por no hacer nada. Sentirlo no basta.
Esta noche juguemos a ser fantasmas, fantasmas vacios de cuerpo o sustancia.
El día que me vaya de verdad quiero que me ayudes, que me borres totalmente de tu vida, que si te llamo no contestes, que si te voy a buscar no salgas, y que aunque te lo suplique no me admitas de nuevo en tu vida. "¿Por qué?" porque sola no podré. "Como quieras".
Me contestas enfurecido que hagas lo que hagas para mi está mal, que siempre me acuerdo de lo malo. Que acabas de dejar ayer a una persona por mi y que no puedes estar bien en horas. Que necesitas tiempo, que has estado llorando e intentando sonreir por mi.
Siempre te he dicho que no queria falsedad, y has sido falso. ¿Necesitas tiempo? el día de nuestro cumpleaños ella te estaba comiendo la oreja, y un mes después os dabais un beso, si...te daré el tiempo que tu no me has dado a mi, ¿dónde está la justicia? Pretendías que asimilase esto en nada y lo aceptase de un día para otro y ahora tu me recriminas el hecho de que quiero que estes bien...¡qué bonito!
Me vuelves a reprochar que la has dejado por mi, claro, para mi es muy fácil asumir y escuchar cada día que quieres estar con ella y que estás conmigo obligado, ¿no?
Él día de mi santo me regalaste un emotivo video junto con una bonita traición. El día de mi cumpleaños no recuerdo que me regalaste, dices que un video, pero no lo encuentro y yo jamás borro nada, bueno, un video junto con unos besitos en la oreja que ella te digo, ah, y que te gustaron por cierto.
Supongo que sería una estupidez pedirte que me devuelvas los años que derramé en ti.
No se te olvide repetirme mañana todo lo que me has soltado hoy, que entonces te regalaré yo un bonito adiós. Oh oh oh! mañana dime también que has dormido poco por mi culpa.
Si pudiera volver a atrás me alejaría de ti antes, cuando era seguro.
No haces más que pedirme que no me vaya, no lo entiendo, si yo me voy la tienes a ella ¿no? pero si tu te vas yo no tengo a nadie, porque por suerte y ahora veo que por desgracia dediqué los últimos 3 años de mi vida exclusivamente a ti y perdi todo lo demás. Pero la mala soy yo que le has dicho a ella que no por mi culpa...claro. Tres años dedicados a ti en los que perdí todo, pero eso no cuenta.
He pasado tres años siendo tu esclava, mirando solo por ti, pensando solo en ti, derrochando en ti cariño y amor, y ese cariño no volverá a ser para nadie más porque al dartelo fue para que te lo quedases, y yo no quito lo que doy.
Simplemente no eres el único que ha renunciado a algo, solo que yo he guerdado y superado todo eso sin reprocharte nada a la cara, hasta hoy.


HUNTER Forest snow dijo
Las noches de luna encierran embrujo, quizás se deba a la misma mecánica como las que mueven las mareas. Precisamente esa atracción también la sienten algunos humanos, aunque solo unos pocos son los elegidos.
Hace muchos años, había un pueblo cercano a la costa del océano atlántico, sus playas eran de arena plateada por la noche y dorada durante el día. Cerca de la playa había un pinar de jóvenes árboles que luchaban por asentarse en la arena, además de sombra, proporcionaba un aroma que mezclado con la brisa del mar, embrujaba. En las noches de luna nueva, muchas mujeres buscaban su pareja en aquellos parajes y cuenta una leyenda que....
.............Aquella joven muchacha no conseguía encontrar a un nuevo amor, todas las noches vagaba por la playa sola, recorría sus huellas en la arena y de nuevo volvía, después otra vez y así hasta que la luna se alejaba. Entonces ella volvía a su casa despacio, muy triste y llorando, lloraba mucho.
Una noche no tenía ganas de andar y se sentó en la arena, su mano jugaba con la arena mientras miraba la luna, pero esta no le respondía nada. Pero aquella noche la luna se ocultó entre las nubes y ya no volvió a salir, fue cuando entendió el mensaje, se puso en pie y mirando a la nube que ocultaba a la luna, le dio las gracias, una sonrisa iluminaba su rostro, incluso corrió y saltó en la arena.
Semanas después, cuando acabaron sus cortas vacaciones volvió a su ciudad, allí se volvió a encontrar con los despojos de su antiguo amor, aquel que tanto daño le hizo y que aún le quedaban algunos pequeños cristalitos de la nostalgia. Pero cerró los ojos y recordó el mensaje de la luna, debía de empezar de nuevo y alejar los viejos fantasmas.
Empezó las clases como siempre, miró a sus compañeros y no vio nada en ninguno, quizás aquel, pero era demasiado tímido, no, su clase no era el lugar adecuado. Al día siguiente se sentó frente al espejo y decidió cambiar de aspecto. El pelo nada, dejaría que se hiciera largo, miró sus cejas, las corrigió un poco, las hizo más finas. Cambió la sombra de sus parpados, los oscureció mezclando dos colores, el negro y el malva, dejando finas líneas. Se colgó un solo pendiente largo y fino, parecía una aguja con forma de media luna, del enganche del pendiente colgaba un fino lazo de color rojo intenso.
Los zapatos de bruja se los cambió por botas con una hebilla grande plateada, de donde colgaban finos lazos rojos. Nada de calcetines de colores, medias finas de color negro. Su falda fue negra con ribetes rojizos, azulados y verdes, era larga y se mezclaba junto a las botas con los lazos rojos. Una blusa azul oscuro cerrada por un broche con una media luna, del cual colgaba un lazo de terciopelo negro y por último un chaleco con muchos bolsillos, en el guardaría sus armas de bruja. Como empezaría pronto el frío, se compraría un abrigo de largas mangas de color negro, los botones los forraría de tela roja y lazos rojos colgarían de los ojales, su cabeza la cubriría con un amplio sombrero negro de ala ancha.
Aquella mañana no hubo nadie que no atrajera su mirada, además anduvo con paso firme e ignorando las miradas, tanto de admiración de los chicos, como de envidia de las chicas, también causó sorpresa en los profesores, pero estos solo se limitaron a sonreír.
Al día siguiente se encontró pequeños trozos de papel con mensajes de toda índole, la mayoría buenos, fue cuando escogió. Empezó a tontear con uno, pero le decepcionó, no estaba a su altura. Después le cambió por otro, este avanzó algo más, pero tampoco consiguió llegar a su corazón, de nuevo otro ocupó su lugar. Este parecía diferente, pero al final falló, este le dijo que ella tenía el listón muy alto.
Pero mientras que esto ocurría, un muchacho brillante en sus estudios, pero una calamidad con las féminas, la miraba magnetizado por su figura, por su andar, por el movimiento de su pelo que asomaba por debajo del amplio sombrero. Pero permanecía escondido, detrás de la estatua, no tenía valor para acercarse a ella, cuando ya se perdía de vista, el muchacho agachaba la cabeza y regresaba a su casa, primero triste porque ya se había marchado, pero luego en casa, cuando se sentaba frente al portátil y abría su corazón, se alegraba por que la vería de nuevo, era una tortura, pero ella no estaba a su alcance.
Pero nuestro joven amigo se equivocaba, la bruja le había descubierto, su mirada era demasiado sensible como para pasar desapercibida, ella le había mirado utilizando el rabillo del ojo, incluso le vio bajar la cabeza. Y sin que el se diera cuenta, nuestra bruja investigó quien era aquel admirador oculto, que desprendía tal dolor.
Estaba en otro edificio, estudiaba letras y su nombre era Marcos, era muy introvertido y no hablaba con nadie, no iba a fiestas, no se emborrachaba y tampoco salía con chicas, aquel viernes, nuestra bruja le esperó detrás de la estatua.
Nuestro joven enamorado se colocó en el extremo opuesto por donde ella aparecería, sin darse cuenta de quien había al otro lado de la estatua. Empezó a impacientarse, la bruja no aparecía y cuando se dio la vuelta desolado para marcharse se encontró frente a ella.
Sus ojos se abrieron como platos, abrió la boca sorprendido, pero ninguna palabra salí de ella, nuestra bruja, sonrió y le cogió de la mano, el se dejó llevar y por camino hacia la parada del autobús la bruja le dijo.
- Así que tu nombre el Marcos.
El la miró embobado, sentía el calor de su mano que apretaba la suya y solo pudo decir con voz casi inaudible.
- ¿Y tú? No he sabido enterarme de tu nombre.
En semana santa fueron a aquella playa, la luna apareció, el aroma de los pinos y del mar les embrujó y la luna de nuevo se ocultó, quería dejar intimidad a la enamorada pareja.
9 Enero 2010 | 01:00 AM